El impuesto a la psicosis.

Una persona normal paga $900, hace el examen y obtiene su registro de conducir por 4 años. Los últimos 12 meses pagué $3.200 y solo me renovaron el registro por 6 meses. Como pasé por todas las instancias que el sentido común, y la cordura indican ahora decidí hacer publico el hecho de haber sido discriminado por ser psicótico.
Lo primero que me dijeron mis seres queridos fue "¡Para que dijiste la verdad! Sos un boludo, es obvio que ibas a tener kilombo". Tienen razón, porque me quieren y desean que no me haga malasangre por problemas que se pueden evitar con una "Mentirita piadosa" cuando la psicóloga te pregunta "¿Tenes diagnostico psiquiátrico?, ¿Tomas o tomaste algún tipo de medicación? ¿Cual?" Estoy convencido que uno tiene que llevar con la frente alta su psicosis. Hice todos los exámenes, psico tecnicos y psico diagnosticos varias veces y los aprobé con éxito.
En mi caso particular, no estaba consumiendo drogas psiquiátricas cuando fui realizar el examen para obtener el registro de conducir. Aun así, me veo obligado a pagar mucho mas de lo que debería pagar, solo por le hecho de ser portador de diagnósticos psiquiátricos.
Fui al INADI y no entendieron. Llamé al 147 y me dijeron que no podían hacer nada. Llevé en tres oportunidades el alta médica firmada por el psiquiatra que me atendía y aun así, tengo que volver a empezar el tramite cada 4 meses y pagar.
La situación se volvió absurda, supongo que no pueden entender como una persona puede ser normal y anormal al mismo tiempo. La fragil estructura mental de los burocratas del registro de conducir, colapasa cuando ven a un loco, que además de loco es una persona normal y perfectamente apta para conducir un automovil, de forma civicamente responsable.

La libertad tan alta.

El 24 de Agosto de 1994, el Dr. Goldchuk, un psiquiatra del hospital naval daba la orden para que me internaran en contra de mi voluntad en un manicomio dónde me torturaron. Yo tenía apenas 16 años. Ese trauma se transformó en parte de mi obra literaria y teatral. 
Desde entonces luché desde el arte contra las injusticias de la psiquiatría y su industria.
Hasta que la semana pasada pasada el 20 de Abril de 2017, exactamente 23 años después, recibí el alta médica de un joven médico psiquiatra de un hospital público. Después de tantos años, atender mi salud mental pasó a ser un espacio de reflexión sobre mi lucha social por visibilizar la causa de la locura. Muchos sobrevivientes como yo, hacen publico el logro de salirse del "sistema de salud mental". 
Yo no me salí del sistema, sino que me quedé dentro esperando con paciencia hasta que me dieran la razón. Esperé, y lo logré. 
El médico que me dio el alta demostró al firmar mi historia clínica que los psiquiatras Federico Pavlovsky, Rodolfo Liceaga y Rafael Abramovici, realizaron el peor de los tratamientos a mi caso. Me quisieron hacer creer que yo tenía una enfermedad mental incurable, degenerativa y crónica. Me manipularon para que consuma las drogas que a ellos les convenía. ¿Dónde están las pruebas? En la historia clínica que cada uno de ellos debería haber guardado de mi caso. 
Mi alta médica tiene mas importancia social, que personal. Es un paso, un gran paso, no por mi salud mental, sino porque puedo  dar nombres y apellidos de quienes me manipularon para drogarme y quienes me dejaron decidir libremente. Se trata de un logro colectivo, gracias a miles de personas locas, que hacen la salud mental comunitaria. Gracias a todos los usuarios y usuarias de los servicios de salud mental.
La ley nacional de salud mental nos hizo creer que iban a cerrar los manicomios. Y no lo hicieron. A cada uno de los que se llenaron los bolsillos hablando de los derechos humanos de las personas con padecimiento mental les espera  el infierno, el escarnio, la condena social. 
¿Porque? 
Porque la mayoría de los políticos son tan perversos como la mayoría de los psiquiatras.